•  PLANO DE LAS VÍAS PECUARIAS DE PEÑAFLOR

 

 

 


 

  • LA DEHESA

Un modelo para el desarrollo sostenible

 

 

                                                                                   Carlos Jurado Carmona

A caballo entre las serranías del norte de Huelva, Sevilla y Córdoba se encuentra el espacio conocido como Dehesas de Sierra Morena, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2002. El particular aprovechamiento agropecuario de la zona, así como la gran riqueza natural que albergan han favorecido esta declaración.

 

Dentro del monte mediterráneo merece una mención especial la dehesa, resultado de la intervención del hombre sobre la vegetación, aclarando la arboleda y limpiando el matorral, a fin de obtener zonas para la siembra, pastoreo para el ganado y recogida del ramón de los árboles. Su existencia y su pervivencia en el tiempo dependen de que todos entendamos que el principal rasgo de las dehesas es su carácter integral, es decir que sea un sistema de explotación múltiple: agrícola, ganadero y forestal. Y como tal hemos de entenderlo y gestionarlo.

La dehesa es el más claro rasgo de una modificación del paisaje por parte del hombre, entendiendo que este paisaje no es natural, pudiendo decir que se ha domesticado el monte mediterráneo. Estamos hablando de un ecosistema de creación humana. El hombre se empeñó de arrebatarle tierras al bosque.

La dehesa ha llegado a constituir un elemento de gran importancia económica, ecológica y paisajística, siendo quizá la única ocasión en que la intervención del hombre en el medio forestal mediterráneo ha tenido un resultado perdurable, beneficioso a corto y a largo plazo, y embellecedor del territorio.

 

La palabra dehesa viene del término latino defensa, que es el nombre que se le daba a un área acotada y protegida de ser pastada por animales salvajes y reservada para la alimentación y el descanso del ganado doméstico.

Su historia tiene orígenes remotos, iniciándose en el Neolítico con el desarrollo de la agricultura y ganadería. Posteriormente, en la Edad Media, la concesión de privilegio por Alfonso X el Sabio a la Mesta en el año 1273, constituye un hecho decisivo en la creación de este tipo de paisaje. Durante la Reconquista una amplia franja de territorio, frontera entre los reinos cristiano y musulmán, era desaprovechado para cultivar y aprovechado por los pastores norteños que se asentaban en ellas durante la estación fría. El uso y explotación del terreno conquistado se le concedió a las Órdenes Militares, los Señores Feudales y los Consejos de Realengo. Como consecuencia de esto y de la sucesión de desamortizaciones aparecieron las grandes propiedades personales. Este hecho propició según algunos estudios la conservación de las dehesas.

 

El paisaje de la dehesa se caracteriza por presentar una considerable extensión de terreno poblado por quercus, principalmente por encinas y/o alcornoques y con menor frecuencia quejigos y acebuches, y esporádicamente, pino piñonero y rebollo. Esta vegetación soporta un clima muy exigente: veranos muy calurosos con marcadas sequías y un invierno frío; aprovecha un suelo pobre, cumpliendo con una función enriquecedora para el terreno y el entorno, aportando pastos en las temporadas húmedas, ramas procedentes de la poda, bellotas, corcho, sombra para el ganado, etc.

Cuenta también con una importante vida animal, tanto doméstica como salvaje. En sus dominios se lleva a cabo una ganadería extensiva, con sus variedades porcinas, ovinas, caprinas o vacunas. Igualmente sacan provecho especies cinegéticas como la perdiz, la codorniz o la paloma torcaz entre otras aves, además de mamíferos como el ciervo, el jabalí, el conejo, etc.

El mantenimiento y conservación de las dehesas en Andalucía está gravemente amenazada por una serie de causas que pueden romper el equilibrio establecido entre la conservación y el aprovechamiento de sus recursos naturales. La edad media del arbolado no es muy elevada, pero hay carencia de individuos jóvenes. El 43% del arbolado presenta grados de defoliación. Por otra parte, tenemos que hacer mención al poco mantenimiento de las mismas y al haber poca trashumancia y  poco ganado se está originando la matorralización de las mismas.

Las dehesas tienen  una gran importancia ambiental, contribuyendo a la prevención de incendios, debido al tipo y distribución del arbolado y al grado bajo de matorrales, mejorando la calidad del aire y las condiciones climáticas, conservando y manteniendo espacios de flora y fauna. No podemos olvidar que su paisaje está marcado por la mano del hombre. En estos últimos años tienen una gran importancia en ella sus usos recreativos, el turismo rural y el ecoturismo. También tienen usos educativos, culturales y científicos.

Hace más de una década,  con el objetivo de implicar a la sociedad y a las administraciones en la supervivencia de las dehesas, el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía aprobó un acuerdo por el que se promovió el Pacto Andaluz por la Dehesa, con el cual se solicitó la adhesión a una amplia representación de instituciones y organizaciones sociales, empresariales, agrarias y ecologistas de la comunidad autónoma.

Hoy día las dehesas suponen la principal actividad generadora de renta y empleo en amplias zonas del medio rural, contribuyendo a evitar el despoblamiento de estos territorios. La protección de las mismas y su entorno socioeconómico forma parte de las prioridades del desarrollo rural y de conservación de la naturaleza.

Para terminar, decir que tenemos que difundir los valores de las dehesas, apoyando económicamente actuaciones encaminadas a hacer posible su preservación y, por supuesto, desarrollar los instrumentos administrativos, normativos y de gestión necesarios para que este patrimonio natural se mantenga por los siglos, disfrutando de él y generando riqueza.


 

“ESPACIOS NATURALES, ESPACIOS PARA LA CONSERVACIÓN. TRABAJO DE CAMPO REALIZADO EN PEÑAFLOR.”

 

 Diego Carrillo Méndez, Alonso Franco Toribio, Carlos Jurado Carmona, José Francisco López Muñoz y Juan Sánchez Gómez. 

 

  1. INTRODUCCIÓN

El patrimonio natural de Peñaflor, aunque actualmente conserva una parte de sus espacios naturales en relativo buen estado de conservación (como algunas partes de sierra y el cauce inmediato al río Retortillo), ha sufrido directamente las consecuencias del desarrollo económico y social propiciado entre las décadas de los años 60 y 80 del siglo XX. La ausencia de una normativa legal de protección de los espacios naturales suficiente en esta época, o el incumplimiento de la existente, conllevó inexorablemente  la desaparición de parte de las realidades naturales y de ecosistemas locales. La principal causa es sin duda la tecnificación y desarrollo de la agricultura, que si bien por un lado aportó un cierto progreso económico y bienestar social, por otro nos privó de importantes espacios naturales  y caminos comunales, eliminando parte de la foresta, fauna, recursos económicos o patrimoniales. Basten como ejemplos irrazonables la desertización anual durante meses de la vega y rivera del Guadalquivir a su paso por Peñaflor (con sus implicaciones indirectas sobre la meteorología de la zona y el cambio climático global); la desaparición de fuentes y la disminución del caudal hídrico de ríos y arroyos por la proliferación de pozos privados para el regadío (el aumento de extracciones ha originado la desaparición de muchas fuentes y manantiales); la contaminación de los acuíferos de abastecimiento de agua potable y de regadío, debida a productos químicos derivados de los abonos de fertilización de la vega con abonos sintéticos que mejoraban su productividad (en varias ocasiones hasta el abastecimiento local de agua potable ha estado en entredicho por estas circunstancias); o la desaparición de parte de nuestro entorno, de especies animales y vegetales en pleno siglo XX (el ciervo, el lobo, el esturión, muchas aves y peces autóctonos) debida a la destrucción de los anteriores espacios naturales o la contaminación de los existentes…

Toda una serie de circunstancias que, aunque en su momento tuvieron un principio lógico de apoyo al desarrollo económico local, en la actualidad, pasados los años y vistas sus importantes consecuencias secundarias hemos de evaluar objetivamente, planteándonos muy seriamente nuestro papel de interacción con nuestro entorno y dependencia de la naturaleza: ¿SOMOS DESTRUCTORES O PROTECTORES? Obviamente el papel asumido como destructores nos beneficia momentáneamente, aportándonos riquezas económicas que puntualmente desarrollan a la población, pero que indiscutiblemente condiciona y amenaza nuestro presente y el futuro de las generaciones venideras. ¿Realmente no es rentable la sobreexplotación y destrucción de nuestro espacio natural?, ¿o deberíamos aprender a valorarlo y considerarlo como un recurso natural inmutable, que explotado de forma equilibrada nos puede beneficiar a todos?

Pero ante este descorazonador panorama, siempre existe una pequeña esperanza. En Peñaflor se está trabajando en los últimos años en un proyecto de recuperación del patrimonio natural local en colaboración con un grupo de personas mayores que han vivido el espacio natural y son conocedores del término del pueblo en la primera mitad del siglo XX. Proyecto que integra la recuperación del trazado de las antiguas vías pecuarias (cañadas, cordeles, caminos,…), del conocimiento hídrico de los ríos, arroyos o fuentes, recuperación botánica de la flora y fauna endémica y regional, a la vez que el disfrute de andar por la naturaleza y el campo (senderismo, conociendo y sabiendo interpretar nuestro medio natural y nuestro patrimonio. Para ello se han servido de muchas salidas al campo y los espacios naturales locales para identificar los espacios actuales con  los recuerdos, de reuniones conjuntas de análisis y puestas en común para eliminar subjetividades u olvidos, del acceso a la documentación existente para corroborar las conclusiones obtenidas en común.

Y es este grupo de investigación y recuperación patrimonial natural, tras la experiencia acumulada en varios años de trabajo, el que realiza este trabajo como conclusión de la experiencia acumulada a lo largo de su existencia, contrastándola entre ellos y con la documentación conocida y existente de la época.  El trabajo de investigación se  restringe a tres aspectos de nuestro espacio natural que se consideran fundamentales:

– La recuperación del trazado de las antiguas vías pecuarias (cañadas, cordeles, caminos,…)

– El conocimiento hídrico de Peñaflor: ríos, arroyos y fuentes.

– El desarrollo del senderismo como forma de conocer y recuperar nuestro entorno patrimonial natural.

 

  1. LA RECUPERACIÓN DEL TRAZADO DE LAS ANTIGUAS VÍAS PECUARIAS EN PEÑAFLOR: CAÑADAS, CORDELES, Y CAMINOS

En los años 50 sólo existía como carretera importante, la actual comarcal A-431 que unía Córdoba con Sevilla, siendo lo demás carreteras secundarias, caminos, veredas y senderos. Paralelo a esta carretera aún existía el antiguo “Camino viejo de Sevilla” que, atravesando la calle Largo, subía por la calle San Pedro y serpenteaba por la vega próxima al río Guadalquivir hasta llegar a Lora. Hacia  el norte desde la población se abrían cuatro caminos importantes de derecha a izquierda: 1) la Vereda (“Verea Carne”) o camino de las Erillas, al que antes de llegar al cerro del Piojo le salía a la derecha el camino de la Dehesilla, y al final de la Vereda, llegando al término de Puebla, salía (también a la derecha) el Cordel de Hornachuelos; 2) la carretera (secundaria) a Puebla de los Infantes por el Turruñuelo, era el antiguo camino del Turruñuelo; 3) antiguo camino a Puebla de los Infantes que atravesaba Almenara; 4) camino de la Fuente del Pez (todavía llamado del Berrueco), que llegaba hasta el arroyo del Término atravesándolo por un vado y llegaba hasta Setefilla. Otros caminos secundarios eran: a) la Vereda de la Cabeza del Pino que salía del camino de Córdoba (carretera) cerca del puente del Retortillo, y ascendía a través de la Vega de don Félix (Vega de las Dueñas) y del Encinar hasta unirse con la “Verea Carne” a su paso  por el vado del arroyo de la Hoz; b) camino de la Venta de Segundo, antes del molino de Segundo, situado sobre la margen derecha del río Retortillo nacía en el puente del Retortillo, y ascendía paralelo al cauce hasta el término de Puebla de los Infantes, donde continuaba; la posterior construcción del Pantano del Águila y de la Presa de Derivación descontextualizaron este antiguo camino. Segundo, que dio  nombre al camino, fue el último molinero en el río Retortillo, muy conocido localmente vivía en la calle Nueva, empezando su actividad molinera al menos desde 1935; una grave crecida del Retortillo en 1945 produjo la destrucción parcial del molino, abandonando su actividad como molinero y decidió montar una Venta aguas arriba del molino, para atender inicialmente las necesidades de los trabajadores de la Vega de Don Félix, pero su popularidad era tal que se convirtió un concurrido lugar de reunión local.

En esa época se transitaba libremente por todos estos caminos, como era costumbre ancestral en el pueblo; pero a partir de la década de los años 60 del siglo XX se empezó a cortar caminos, reducir la anchura de cañadas y veredas o hacerlos desaparecer impunemente bajo las circunstancias de su apropiación particular. Los casos más graves son sin duda la apropiación indebida del antiguo camino a Puebla de los Infantes por Almenara, del Cordel de Hornachuelos, o de la Vereda de la Cabeza del Pino en la Vega de Don Félix.

En la actualidad, muchos de estos antiguos caminos se encuentran con cercas que limitan la entrada al público, otros no existen y en algunos se reciben  increpaciones y amenazas de los “nuevos ilegales propietarios”. Pero contamos por suerte con una valiosa documentación que corrobora nuestros recuerdos y confirma legalmente la titularidad pública de todos estos caminos; la primera de ella es el “Proyecto de clasificación de las vías pecuarias de Peñaflor” realizado a instancias del gobierno entre los años 1959-1960 (y del que existe copia en el Archivo Municipal), y la segunda son el conjunto de 6 mapas topográficos de Peñaflor realizados por el Instituto Geográfico Nacional entre los años 1872-1873  y 1895-1897, donde además de la ubicación geográfica de nuestros recuerdos sobre cañadas, veredas y caminos, hemos encontrado nueva documentación inédita de nuestro patrimonio natural y geográfico (lugar de descansaderos, abrevaderos, cambios de caminos y carreteras, producciones agrícolas, nombres olvidados….).

Desde entonces hemos aprendido muchas cosas y sabemos parte de la realidad de las cañadas, veredas y caminos que surcaban nuestro pueblo, recuperando en la memoria local este interesante patrimonio de Peñaflor,  que esperamos que nunca más se vuelva a olvidar o evitar su disfrute por los vecinos con una pronta recuperación de su titularidad pública.

 

 

  1. 3. EL CONOCIMIENTO HÍDRICO DE PEÑAFLOR: RÍOS, ARROYOS Y FUENTES

Cuando éramos pequeños, casi todos conocíamos los ríos, arroyos o principales fuentes de nuestro término; la interrelación con la naturaleza era algo natural, y de una u otra manera, o por obligación, correteábamos el término y aprendíamos de nuestros mayores, los nacimientos, los meses de sequía, o para qué eran buenas algunas de las fuentes. No salíamos de Peñaflor, pero conocíamos nuestro pueblo.

La red hidrográfica de Peñaflor se centra sobre el río Guadalquivir, y se desarrolla a través de siete cauces que vierten desde el norte al Guadalquivir, siete arroyos y un río. El río secundario de Peñaflor es el Retortillo, y los arroyos de Oeste a Este son: arroyo del Término, arroyo del Gato, arroyo Almenara, arroyo Majuelo, arroyo de las Moreras, arroyo del Conejo y arroyo de la Hoz; todos vierten sus aguas sobre el Guadalquivir salvo el arroyo de la Hoz que lo hace en el Retortillo. El conjunto de los arroyos tiene su nacimiento en las estribaciones de la Sierra Norte sevillana, que sirve de límite entre los municipios de Puebla de los Infantes y Peñaflor. Como límites territoriales también actúan el arroyo del Término con Lora del Río y el río Retortillo, que sirve de frontera con el municipio de Palma del Río y la provincia de Córdoba.

En las proximidades del núcleo poblacional el río Genil desemboca en el Guadalquivir (en término municipal de Palma); y el Guadalquivir baña a nuestro pueblo, siendo su principal característica la existencia de la Presa de Peñaflor, que distribuye sus aguas entre el cauce natural del río y el canal del bajo Guadalquivir, eje central del regadío de la provincia sevillana al Sur de su cauce.

Aparte de estos siete arroyos principales existen otros pequeños secundarios, como los arroyos del Ángel  y del Piojo, afluentes del arroyo de la Hoz, arroyo de las Cuevas, afluente del arroyo Moreras, arroyos de la Atalaya, del Castillo y del Moro, afluentes del arroyo Almenara, los arroyos de Barragán, de la Cañá y de Esparraguillo, afluentes del arroyo del Gato y el arroyo de Yopi, afluente del arroyo del Término.

En Peñaflor se conocían unas 70 fuentes, de las cuales las más conocidas eran la de Hortichuela, la Mirla, Oñarda  y de Almenara para beber, la del Médico y de la Laguna como  fuentes medicinales, y las de Villadiego y del Lobo como grandes veneros. Muchas de estas fuentes eran manantiales de donde surgían arroyos.

Las únicas fuentes monumentales eran la Oñarda y la de Villadiego.

La fuente Oñarda estaba constituida por una pared frontal de aproximadamente medio metro de altura, en sillares cuadrangulares escuadrados, de apariencia romana, enfoscada con mortero; a continuación una escalinata, también en sillares, de al menos dos peldaños ingresaba en la laguna, estando habitualmente el primer escalón sumergido en el agua y sobre el segundo cinco caños vertían el agua sobre un gran charco. La de Villadiego estaba constituida por una pared frontal blanca, sobre la que existían inferiormente tres caños en bronce que vertían directamente el agua sobre una amplia y estrecha pileta de mortero rectangular, de material romano reutilizado procedente de la propia ermita.

A partir de los años sesenta del pasado siglo los cultivos tradicionales (trigo, cebada, garbanzos…), fueron progresivamente reemplazados por otros que necesitaban más regadío como algodón, maíz, lechugas…, lo que ha causado el aumento de la explotación de las aguas subterráneas con la construcción de nuevos pozos y el deterioro de las mismas por la incorporación de fertilizantes y plaguicidas. Los primeros afectados han sido los manantiales y fuentes, que en el mejor de los casos han visto muy reducido su caudal, pero que en otras muchas ocasiones se han secado, desapareciendo algunos de los arroyos secundarios.

 

 

  1. EL DESARROLLO DEL SENDERISMO COMO FORMA DE CONOCER Y RECUPERAR NUESTRO ENTORNO PATRIMONIAL NATURAL

En nuestro grupo, además de los trabajos de investigación para la recuperación de nuestro patrimonio natural, nos gusta disfrutar de la naturaleza, realizando muchas salidas al campo por estos antiguos caminos, cañadas y veredas, disfrutando de los espacios naturales que nos quedan asequibles, comentando los distintos tipos de vegetación que encontramos y sus antiguos usos medicinales o culinarios, identificando los diversos tipos de aves por su canto, o sencillamente contemplando la belleza de los paisajes propios entre la sierra y la vega del Guadalquivir.

Pero nos llama la atención que a pesar de la gran cantidad de caminos públicos legales de Peñaflor que se podrían utilizar para senderismo, los más importantes e interesantes están actualmente usurpados por la propiedad privada. Y también que a pesar de ser frontera de dos grandes parques naturales: el de la Sierra Norte de Sevilla a través del Cerro Santo y el Turruñuelo, y el de la Sierra de Hornachuelos a través del río Retortillo, sin embargo nuestro espacio natural no dispone de ninguna disposición de defensa especial, ni siquiera el tratamiento de “pre-parque” de ambas instituciones. A nuestro entender creemos necesaria una urgente actuación municipal que recupere los espacios y caminos públicos y solicite a la Junta de Andalucía la protección necesaria de nuestros diversos paisajes naturales (sierra, vega, dehesas, cauces de ríos y arroyos,..), así como su inclusión en la zona de pre-parque en los espacios protegidos de la Sierra Norte de Sevilla y la de Hornachuelos. Circunstancia que propiciaría la creación de varias rutas senderistas que integren nuestra diversidad geológica, natural y arqueológica, que a la que vez sirvan de expansión a los habitantes locales constituyan un atractivo de atracción turística rural y natural, propiciando el desarrollo económico local a través de estas visitas.

Se podrían crear tres grandes rutas senderistas, una hacia el oeste de la población y dos hacia el este, integrando el paso por las zonas y espacios de vega y de sierra de que disponemos; iniciadas en la rivera derecha del río Guadalquivir, utilizarían los caminos paralelos a los cauces de importantes arroyos o ríos secundarios (del Término y Retortillo) para adentrarse en la sierra o estribaciones, y volver a la población a través de los espacios de transición entre sierra y vega. Se integrarían entre la oferta de actividades que ofrecen los dos parques naturales antes mencionados y como atracción turística rural local.

  1. Ruta senderista oeste. Se inicia en la población, siguiendo hacia el oeste el recorrido del “camino viejo de Sevilla” hasta el arroyo del Término (como alternativa se puede utilizar el camino trazado para la doble vía de ferrocarril, actualmente en desuso), continúa hacia el norte a través del camino paralelo del cauce izquierdo de este arroyo hasta el vado donde cruza la vereda de Lora del Río a Puebla de los Infantes; siguiendo esta vereda se dirige hacia el norte, estribaciones del Cerro Santo hasta su confluencia con el antiguo camino entre Peñaflor y Puebla de los Infantes; siguiendo este camino se dirige hacia el sur atravesando Almenara y Tablada hasta llegar de nuevo a la población.
    Una alternativa a la ruta supondría que una vez llegados al vado del arroyo de Término, en vez de coger la vereda entre Lora y Puebla, coger el camino de la Fuente del Pez hasta Peñaflor (antiguo camino del Berrueco).
  2. Ruta senderista este. Se inicia en la población, siguiendo hacia el este el recorrido del camino sobre el trazado ferroviario inicial abandonado del AVE hasta el puente del río Retortillo; desde aquí se continúa hacia el norte a través del camino paralelo del cauce izquierdo de este río hasta el “vado de la Gitana”; desde este punto se coge el camino de la Dehesilla hacia el sur hasta su confluencia con la vereda de Majadas Altas y collado de Almenara (actual carretera de Puebla de los Infantes), desde esta última se vuelve a la población.
    Una alternativa deseable supone que una vez llegados al norte de la rivera del Retortillo, en el vado de la Gitana, la vuelta hacia el sur se realice a través de la antigua vereda de Majadas Altas y collado de Almenara, la actual carretera a Puebla de los Infantes, circunstancia que requeriría la adecuación de su arcén izquierdo y espacios aledaños como ruta senderista hasta su llegada a Peñaflor
  3. Ruta senderista de las Veredas. Una tercera ruta senderista (menor en tiempo y dificultad) integraría los espacios de vega al este del término, asociados a la desembocadura del río Retortillo y su entorno natural. Se iniciaría en Peñaflor y siguiendo el trazado de la Cañada Real Soriana se dirigiría hacia el noreste hasta el actual emplazamiento de la población rural de las Veredas, a orillas del río Retortillo, y desde allí continuar hacia el sur a través del camino paralelo de la orilla derecha de dicho río, desde donde atravesando los puentes, nos dirigimos hasta Peñaflor siguiendo hacia el oeste el recorrido del camino sobe el trazado ferroviario inicial abandonado del AVE.

Toda una serie de importantes posibilidades senderistas que además se incrementan con posibles soluciones de continuidad con otras ya existentes en los términos limítrofes; así hacia el norte existe la posible conexión de la orilla del río Retortillo con Puebla de los Infantes a través del parque Natural de la Sierra Norte y las festividades lúdicas que realizan anualmente en sus orillas (la celebración anual de la concentración nacional de parapentes en febrero coincidiendo con la celebración de las “Candelas”), y con Hornachuelos y las importantes actividades turísticas que genera su parque natural; hacia el este con Palma del Río a través del trazado ferroviario inicial abandonado del AVE, que atravesando el río Retortillo por un incompleto nuevo puente nos pone en comunicación directa con el Centro de Interpretación del Agua y del Río Guadalquivir, o hacia el oeste con Lora del Río, por el que a través del antiguo camino del Berrueco (o de la Fuente del Pez) se accede directamente hasta Setefilla, importante enclave arqueológico tartésico; eso sin contar las importantes posibilidades arqueológicas que ofrece nuestro territorio en todo su entorno y especialmente en la orilla derecha del Retortillo.

Siendo conscientes de que el desarrollo de toda la actividad burocrática necesaria para su puesta a punto es lenta, pesada y a veces exasperante, confiamos plenamente en su feliz consecución final; mientras tanto apoyamos la iniciativa de un proyecto de creación de una ruta senderista a través  de la orilla derecha del Retortillo, que podría ser el inicio del desarrollo de todas las alternativas y de las reivindicaciones que planteamos.

 

 

 

 

 

«VÍAS PECUARIAS»

                                                                                  Carlos Jurado Carmona

¿Qué son las Vías Pecuarias?

Las Vías Pecuarias son caminos de trashumancia que unen los lugares tradicionales de pastoreo. Se definen legalmente como “las rutas o itinerarios por donde transcurre o ha venido discurriendo tradicionalmente el tránsito ganadero”. Fueron creadas  durante la Edad Media. Desde el siglo XIII se institucionalizaron y fueron protegidas por los reyes. En Andalucía se les conoce como veredas de carne.

Las Vías Pecuarias son bienes de dominio público que la ley destina al uso público, cuya titularidad ejercen las Comunidades Autónomas y su régimen jurídico básico está regulado en la actualidad por la Ley 3/95 de vías pecuarias. En el artículo 3.1.d se define que las Comunidades Autónomas deben asegurar la adecuada conservación de las vías pecuarias, así como de otros elementos ambientales o culturalmente valiosos, directamente vinculados a ellas, mediante la adopción de las medidas de protección y restauración necesarias.

Constituyen un gran patrimonio. A pesar de todas las ventas, ocupaciones e intrusiones, se ha mantenido un extenso patrimonio territorial. En España la red de vías pecuarias tiene una longitud de 125.000 km.

¿Qué tipos de Vías Pecuarias tenemos?

La red de Vías Pecuarias  estaba constituida por una red de caminos de distinta anchura que recibían distintas denominaciones:

  • Cañadas: vías cuya anchura no excede de los 75 metros.
  • Cordeles: vías cuya anchura no sobrepase los 37,50 metros.
  • Veredas: vías cuya anchura no supera los 20 metros.
  • Coladas: vías de anchura variable hasta unos 4 metros.

Esta red de Vías Pecuarias se complementan con:

  • Descansaderos: ensanchamientos de la vía pecuaria en donde los rebaños podían descansar o pasar la noche.
  • Abrevaderos: podían ser pozos con pilones o bien se hacían coincidir con el paso de arroyos, ríos o lagunas donde bebía el ganado.
  • Majadas: lugares donde los rebaños pasaban la noche.
  • Contaderos: pasos estrechos en los que poder contar fácilmente las cabezas de ganado. Podían ser puentes o estrechamientos del camino.

 

El Código Civil y la Ley 3/1995 definen la denominación y anchura máxima que puede tener una vía pecuaria.

¿Qué funciones tienen las Vías Pecuarias?

Las Vías Pecuarias en la actualidad sirven no solo de tránsito de ganado, sino también a otros fines dignos de protección:

  • Tránsito pecuario y comunicaciones agrarias.
  • Ecológicas: Fomenta la biodiversidad, intercambio genético de las especies faunísticas y florísticas, movilidad territorial de la vida salvaje, mejora y diversifica el paisaje rural.
  • Ocio y esparcimiento: Actividades de senderismo, de paseo, de cabalgar, cicloturismo, etc.)
  • Histórico-cultural: Patrimonio arquitectónico y etnológico, la artesanía asociada a la trashumancia, el empleo de pastor…)

Aunque desaparezca la trashumancia, las vías pecuarias son un patrimonio histórico de interés y son grandes corredores ecológicos

¿Qué tienen que hacer las administraciones?

  • Investigar los terrenos que se presuman pertenecientes a las vías pecuarias.
  • Deslindar los terrenos.
  • Realizar el amojonamiento.
  • Realizar el inventario de vías pecuarias.
  • Sancionar las vías pecuarias modificadas, cerradas…
  • Exigir el cumplimiento de la Disposición adicional primera de la Ley 3/95: “Las vías pecuarias no clasificadas conservan su condición original y deberán ser objeto de clasificación con carácter de urgencia”.
  • Hacer cumplir la legislación.

 

 

«LAS VÍAS PECUARIAS: SIETE SIGLOS DE ARRAIGO EN PEÑAFLOR» escrito por Gustavo A. Contreras Cabrera

Descargar artículo sobre Vias Pecuarias en Peñaflor, escrito por Gustavo A. Contreras Cabrera